El majestuoso Ávila



El majestuoso Ávila vistos desde mi casa, solía oxigenar mis días.

martes, 7 de marzo de 2017

Volviendo a Montevideo



Si hay algún lugar en donde debo estar, por ahora, ese es Montevideo.

Llegó el ocho de diciembre, día definido para el regreso. LLego a Maiquetia después de ser despedida por la lluvia más feroz, en la autopista Caracas - La Guaira, que recuerde; hubo momentos en que era imposible ver la carretera, por momentos sentí temor de lo que pudiera pasar, más ya estaba en mi destino. 

Me dirijo a la zona de CopaAIR, había muy poca gente en la fila. Entregué los pasajes, el de mi hijo y el mío, la señora que los recibió me pregunta por mi pasaje de regreso, le digo que no lo tengo pues vivo en Montevideo, entonces me pide que muestre el documento de residencia en Uruguay, caso contrario no me puede permitir abordar. 

Fue un momento de mucha confusión y serenidad al mismo tiempo. Recordé que, en días anteriores, le había comentado a mi esposo que había dejado la cédula uruguaya, así que estaba segura que no la tenía conmigo. La salvación era comprar un pasaje de regreso de Montevideo a Caracas, no podía comprarlo allí, en el counter, porque ya no los vendían. La señora que me atendió, me dio un número 0800xxxxx para que llamara y comprara el pasaje de inmediato si quería irme en ese vuelo.  

Mi hijo, por otro lado, preguntaba qué hacer, estaba nervioso, llamaba a su padre en Montevideo, le dije tu te vas que yo veré que hago, en ese instante me vi, rendida, regresando a Caracas. Simultáneamente le dicen a mi hijo que una de las maletas tenía sobrepeso y había que repartir parte de ese equipaje entre, la otra que podia llevar mas carga y el equipaje de mano o pagar exceso de equipaje. Mi hijo optó por lo primero, arrastró las maletas y se dispuso a hacer el reparto. Dejé eso en manos de mi hijo y me fui a tratar de comprar el pasaje.

Llamé al 0800xxxxx, como es usual, me atendió un robot, yo entretanto buscaba la tarjeta para pagar el pasaje. De pronto, en lugar de la tarjeta de pago saltó la cédula uruguaya. Como estaba allí? no lo se, no recuerdo haberla colocado en ese pequeño monedero donde solo tenia tarjetas de pago y algo de dinero en efectivo. Corrí al counter entregué la cédula uruguaya, la señora me pregunta que cómo hice, le dije no lo se solo apareció, me registró para el vuelo y lista para regresar.
De nuevo, sentí la presencia de la Divinidad, Ho'oponopono, gracias, gracias, gracias. Me dije definitivamente Dios me quiere en Montevideo.




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