El majestuoso Ávila



El majestuoso Ávila vistos desde mi casa, solía oxigenar mis días.

jueves, 22 de diciembre de 2016

Limpiando, aceptando, confiando y siguiendo mi voz interior logré apostillar el título de mi hijo en dos semanas

La acción de Ho’oponopono


Resido en Montevideo desde el 24 de diciembre del 2015, llegue a esta ciudad desde Caracas, Venezuela, casi que huyendo por la situación política y de inseguridad reinante. Me vine a reunirme con mi esposo e hijo menor, quienes ya estaban en Montevideo desde enero y julio respectivamente. Junto conmigo vino mi hijo mayor, pasamos las fiestas de Navidad y Fin de año juntos y el 23 de enero 2016, mi hijo mayor regresó a Caracas para terminar sus estudios de ingeniería de Computación en la universidad Simón Bolívar.

El pasado primero de octubre mi hijo nos notificó que su grado estaba previsto entre el 23 y 25 de noviembre. Desde ese mismo día deseé que el grado fuera el 24 de noviembre para tener tiempo de registrar el título, aspiración menor, y ¿por qué no? APOSTILLARLO, estaba muy consciente de lo que significa hacer esas diligencias en la Venezuela del madurismo. Me imaginé llevando el título al Ministerio de Relaciones Exteriores, en Carmelitas, el día cinco de diciembre. Para darle credibilidad a mis aspiraciones, hice intentos para conseguir la cita para esa fecha, por supuesto sin lograrlo.

El primero de noviembre mi hijo me notifica que su grado será el 24 de noviembre, tal como lo había solicitado.. ¿a Dios? ¿al universo? Solo coloqué el deseo y lo solté.

El 16 de noviembre estaba aterrizando en Maiquetía, quedaba esperar nueve días para el grado y la ejecución de mi deseo: apostillar el título; para ello tenía que, previamente, registrarlo en el Registro Principal y legalizarlo ante el Ministerio de Educación Universitaria. Este último paso lo ignoraba en ese momento.

Averigüé sobre el registro del título y todo era realizable sin mayores obstáculos, el viernes, 25 de noviembre como lo había imaginado estaba en el Registro Principal de Caracas, título en mano para su registro. Al subir a la mezzanina, donde están las oficinas de registro, encuentro una fila de cinco personas para la entrega y revisión, luego otra fila, como de ocho personas, para el pago de aranceles; me dije, listo está concluida la primera acción de mi ruta.

Ahí comenzaron los “problemas” que acepté como RETOS.

Debo decir aquí, que practico ho’oponopono desde el 2011, su práctica me ha ayudado a surfear muchos obstáculos en esa Venezuela, que tanto quiero y que, al mismo tiempo, siento que me expulsa. Adicionalmente a la práctica cotidiana, me reencontré con el libro “Palabras Mágicas” de Jocelyne Ramniceanu, libro que ya había leído y que de pronto, al releerlo, tenía mensajes nuevos para mí, así que decidí leerlo, ya no en forma continua sino según donde abriera. Ese libro fue de gran inspiración para lo que contaré a continuación:
Me dispongo a hacer la fila para pagar y de pronto la fila se atasca, me entero que no se puede pagar ahí porque no hay comunicación con el banco respectivo, voy a una oficina en el edificio contiguo donde nos dijeron que podíamos pagar y la situación era la misma con el punto de pago. Solo se podía pagar con efectivo, situación que me excluía porque, para ese momento ya había crisis para obtener efectivo, así que comencé a limpiar gracias, gracias, gracias. De pronto me vi en la calle buscando una oficina del banco donde pudiera pagar y al mismo tiempo obtener un poco de dinero en efectivo. Conseguí una oficina bancaria con una fila muy larga, seguí un poco más adelante y conseguí otra con una cola aceptable, tres horas más tarde había concluído la primera acción de mi ruta hacia la apostilla, ya tenía en mis manos la orden para retirar el título registrado el lunes 28 por la tarde.

Lunes 28 de noviembre, retiro el título registrado y voy a Carmelitas para averiguar sobre la apostilla. Encuentro un mar de gente con la misma aspiración mía, me uno al pelotón y de pronto un joven informa que hay citas para el día siguiente. Me dirijo sin demora a mi casa en el Hatillo y ¡oh sorpresa! Consigo cita para el viernes 2 de diciembre. Me siento en paz y de pronto una voz me dice: “revisa porque los títulos de universidades públicas deben ser legalizados por el Ministerio de Educación Universitaria”. Reviso la página web del ministerio de Educación Universitaria y efectivamente, tenía que legalizar el título ante el Ministerio de Educación Universitaria.

¿Problema?  noooo, reto y Ho’oponopono, limpiar y confiar. ¿Qué hacer? Ir tempranísimo la mañana siguiente ante ese ministerio con la cita de la apostilla impresa.  Eran las 6 de la tarde e imprimir la planilla a esa hora lucía complicado, con toda la fe de que podía lograrlo, salí a buscar donde imprimirla y lo logré.

Martes 29 de noviembre, llegué como a las 6:30 am, informan que hay una lista para casos especiales, que atienden 150 casos y yo tenía el número 58. Alegría, estaba dentro de lo posible. Llegó la hora de la revisión de los casos especiales y me rechazan porque mi cita estaba a solo 3 días hábiles y pedían cinco. Eran las nueve de la mañana. Sentí mucha impotencia y por un momento, mi deseo de apostillar había quedado fallido, de nuevo limpiar y confiar: gracias, gracias, gracias…de pronto una voz, una fuerza interior me dice vete a tu casa. Ya en mi casa empiezo a investigar qué puedo hacer y descubro que sí tengo una cita para el 8 de diciembre puedo legalizar ese mismo día por la tarde. Eliminé la cita del viernes 2 de diciembre, conseguí una cita para el 8 de diciembre en el estado Apure, con ella generé la cita para legalizar ante  Educación Universitaria, la imprimí y a la una y treinta de la tarde estaba de nuevo ante el ministerio. A las cinco de la tarde tenía el título legalizado, listo para apostillarlo.

Regreso a casa satisfecha, con el reto de conseguir cita para apostillar. Aceptando la situación y confiando en Dios me senté ante la computadora y al cabo de un rato tenía cita para el día siguiente 30 de noviembre.

30 de noviembre, voy a la oficina correspondiente, a la hora indicada: antes de las 2pm, un registro nuevo al lado del banco donde el viernes 25 había hecho la cola de tres horas para pagar el arancel del registro del título, después de otras tres horas de fila entregué los documentos y me regresaba a casa; de pronto, una sensación de que algo no estaba bien.

La tarde pasó sin novedad, agradecida por lo logrado hasta el momento cuando a las ocho de la noche, repica el celular y una voz masculina me informa que llama del ministerio de Relaciones Exteriores porque la planilla donde se registraba la cita para la apostilla no era reconocida por el sistema, que pasara a recoger el título al día siguiente después de mediodía. Imposible dormir, que había hecho mal. De nuevo ho’oponopono: limpiar, confiar, mejor que juzgar, pensar y/o preocuparme, esperar el nuevo día y ya me sería dada otra señal. Así fue, cuando me levanté tenía una ruta: imprimir los pasajes de mi hijo que viajaba conmigo de regreso a Montevideo el 8 de diciembre, pasar por Carmelitas y buscar el título.

Hice la primera acción de la ruta, cuando llegué a Carmelitas me encontré con ocho personas con el mismo ‘problema’, eso me dio aliento, no estaba sola, había hecho todo bien, ahora quedaba reclamar nuestro derecho para apostillar los documentos, el error era de ellos. Me identifiqué con el grupo y me fui a buscar el título, cuando regresé a Carmelitas el grupo con la misma situación era como de 15 personas y seguía creciendo, de pronto se me ocurrió que hiciéramos una lista de los afectados por el código 68, número con el cual empezaba el código de la planilla rechazada, casi que a regañadientes se hizo la lista. Seguímos allí, nadie nos atendía y nadie se iba, algo en mi interior me decía que tenía que quedarme. Hubo forcejeos, entramos por la fuerza a las oficinas, nos botaron y ahí seguíamos, hasta que un señor autodenominado el “junior”, a gritos nos dijo que si hacíamos una fila nos atendería, misión imposible que la gente hiciera la fila, en ese momento cobró vida mi lista, por ella nos fueron llamando para que junior firmara la hoja de la cita que nos garantizaba ser atendidos el lunes 5 de diciembre. Con ese halo de esperanza me fui a casa a esperar el lunes cinco de diciembre.

En Carmelitas, mientras esperábamos que pudiéramos ser atendidos, descubrimos que la planilla con código 68 se había generado por un error de los operadores del sistema de citas, quienes colocaron dos llamadas al mismo programa que otorgaba las citas para esa nueva oficina, la segunda llamada, que fue la nosotros solicitamos, duplicó las planillas y de ahí su rechazo al intentar validarlas. Gracias a este error fue posible obtener la cita para la apostilla el día cinco de diciembre. Mi aprendizaje de este evento, que no se nada o muy poco de lo que sucede a mi alrededor y que definitivamente cuando haces tu parte Dios hace la suya. 

Tal como lo imaginé y lo dejé en manos de Dios, el día cinco de diciembre estaba entregando el título para ser apostillado. Todavía me asombra los designios de Dios y lo que sucede cuando se confía, hubo dos eventos cuando el título pudo ser apostillado en otra fecha: dos de diciembre y luego treinta de noviembre; sin embargo, solo fue hasta el cinco de diciembre cuando pude hacerlo, tal como lo había “solicitado” en octubre cuando imaginé todo ésto. Mi intelecto no lo entiende, más se rinde lo acepta y bendice.

 El 7 de diciembre a las cinco y treinta de la tarde me entregaron el título apostillado.



DIOS ESCRIBE DERECHO CON LÍNEAS TORCIDAS.

Limpiar, aceptar el momento presente y confiar que nuestra divinidad siempre nos inspirará para que se haga lo que es correcto, perfecto y en el momento apropiado para cada uno de nosotros.

Gracias, gracias, gracias.